lunes, 24 de julio de 2017

Mis primeros tres meses como mamá.


Mi bebé y yo


Conocerte después de un parto natural, salvaje, respetado. Meterte en mi cama. Ofrecerte mi pecho, mi tiempo, mi mundo. Enamorarme de ti. Sentir que eres una extensión de mi cuerpo, de mi alma. Que se pare el mundo. Que nada importe más allá de nosotros, de la nueva familia que hemos formado. Mecerte, acurrucarte, dormirte en mis brazos. También sentir dolor por Lupita (nuestra gata abuelita y enfermita), ya que ahora absorbes todo mi tiempo. Sentirte tan maravillosa. Comenzar una nueva vida, junto a ti. 

Quedarnos solas tras el primer mes de baja de papá. Los cólicos. Los llantos. Los primeros agobios. No entender nada. Buscar un por qué. Pensar en qué hacemos mal, pero a la vez, sentir que nada porque siempre he seguido mi instinto. Escuchar que eres así porque te hemos mal acostumbrado. Llorar, sufrir, y por fin...entenderte. Comprender que eres una bebé de alta demanda. Despojarme de todos los debería, de todas las comparaciones, de todas las idioteces que tienes que oír. Entender que tú eres así, y que así, ERES PERFECTA. Que necesitas porteo y brazos constante, que necesitas colechar con nosotros, que no te calma ningún chupete de plástico, que eso sólo podemos hacerlo nosotros, el intentar amortiguar tu frustración, tu continua insatisfacción, tu necesidad de algo más. Ser tu cómplice. Llevarte encima a todos lados, a todas partes. Ser feliz así. Darte todo lo que necesites. Mucho amor. Más amor. Sólo amor.

Mirarme en el espejo. Ver a una mujer nueva, con ojeras, pero más fuerte, más valiente. Sentirme vulnerable muchas veces, pero también, sentirme poderosa. Sentirme empoderada, creadora de vida. Sentir que te cuido bien, que ya te conozco, que por fin sé lo que necesitas. Sentirme madre. Disfrutar de nuestra lactancia materna exclusiva, de la teta. Gozarla. Jamás imaginé que fuese tan bonita, a pesar de las noches sin dormir. Y es que no sabía que habría un vínculo tan fuerte entre nosotras. Que te querría tanto. 

Vivir el presente. Eres tan demandante, que no me dejas pensar en mucho más. Aprovechar cada segundo en el que duermes para hacer cosas, para seguir con mi trabajo de ama de casa, para descansar a tu lado, o simplemente para vivir (se acabó el perder el tiempo, mirar redes sociales como una loca, divagar..tú me obligas a que mi vida sea mejor, a que esté mejor aprovechada pese a que no llegue a nada y me falten horas en el día).

Mirar lo bonita que eres, me encanta verte sonreír. Me gusta oír tus ruiditos. Ver esos ojos que tienes, siempre tan abiertos, tan llenos de vida. Asombrarme con tu cuerpo, siempre tan tieso, tan en tensión, como queriendo hacer mucho más de lo que puedes (recuerdo la primera vez que te vi, ¡ya venías con los ojos bien abiertos y con tu musculatura a tope! y entonces te enganchaste a mi pecho como si ya supieras hacerlo, de hecho me demostraste que sabías, con tu agarre perfecto). Verte tan peloncilla, tan pequeña, tan bebé, tan parecida a mi...

Que mi vida anterior se rompa en mil pedazos. Que sea duro, muy duro. Que por más que te lo expliquen, no lo sepas de verdad hasta que lo vivas. Que eso cambie tu relación de pareja, tus tiempos, tu vida, tu todo. Que ya no eres la que eras. Que llegue un momento en el que ya nada de todo eso importe, porque ahora, estás tú. 

Mirarnos juntas en el espejo y ver como lo disfrutas. Darte besitos por el cuerpo y oír tu carcajada. Dormirnos juntas en la cama. Sentir como mi cuerpo te calma y te sacia. Darte la manita y cantarte canciones, que te encanta. Sentir que eres inigualable, la mejor de todas. Quererte, amarte, adorarte. 

¡Y todo esto en tres meses de vida! ¿Que más no esperará?

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